7.9.11

Eliminar los kernel antiguos del grub2

Llegó el grub2 y ya no era tan dócil como nuestro antiguo grub1.

Total que vamos actualizando y en unos meses tenemos 5 ó 6 arranques de versiones sucesivas del kernel linux y eso es un rollazo. ¿Cómo se quitan los viejos?

Nos metemos en la consola


1º Buscamos los núcleos que están instalados así:


dpkg --get-selections | grep linux-image



aparece la lista de núcleos que tenemos instalados, pongamos que eso:


linux-image-2.6.32-30-generic install

linux-image-2.6.32-31-generic install

linux-image-2.6.32-32-generic install

linux-image-generic install


No se te ocurra eliminar el paquete "linux-image-generic" que la cagas.


2º Eliminamos los más antiguos:

Por si acaso, dejamos los 2 últimos (en este caso los terminados en 31 y 32), así que quitamos el que termina en 30


Lo hará el comando:


sudo apt-get remove --purge linux-image-2.6.32-30-generic


Si queremos eliminar otro, más adelante, cambiamos el 30 por el número correspondiente, claro.

Ahora las Cabeceras (Que es lo que aparece en el grub2):

3º Buscamos las cabeceras de los núcleos que hemos eliminado:


dpkg --get-selections | grep linux-headers


Y sale una lista con las cabeceras instaladas, en la debemos tener en cuenta que hay dos paquetes por cada cabecera, el normal y el generic:


linux-headers-2.6.32-30 install

linux-headers-2.6.32-30-generic install

linux-headers-2.6.32-31 install

linux-headers-2.6.32-31-generic install

linux-headers-2.6.32-32 install

linux-headers-2.6.32-32-generic install

linux-headers-generic install


Bajo ningún concepto eliminar el paquete "linux-headers-generic".


4º Eliminamos las cabeceras que sobran (Las de los núcleos que eliminamos antes):


Vamos a desinstalar las 2 cabeceras del núcleo que hemos desinstalado antes.

sudo apt-get remove --purge linux-headers-2.6.32-30 linux-headers-2.6.32-30-generic



Al reiniciar y veremos que ya no nos sale el núcleo 30


Es espectacular cuando tenemos un montón y dejamos 1 ó 2 sólo.

¿Qué hacer si tras unas vacaciones tu kubuntu no se conecta a internet?

Lo primero de todo es estar tranquilos, que no es grave. El problema es que, a veces el knetwork-manager no se actualiza como debe y nuestro pc no acaba de ver las redes cercanas.

Es un problema fácil que se soluciona así:


Nos metemos en la consola, claro

En primer lugar, paramos el network manager:

sudo service network-manager stop

Ahora tocamos los valores que desactivan al network-manager y los pasamos a true

sudo sed -i s/false/true/ /var/lib/NetworkManager/NetworkManager.state


Ahora reiniciamos el network manager y ya está:

sudo service network-manager start

17.5.11

¡¡¡¡¡ LAS FOTOS !!!!!!

Pinchando a foto se hace grande. Luego con el botón derecho marcamos guardar imagen y...a la saca









Gracias Nazareth

28.11.10

No volveré...

Es una situación de lo más absurdo ésa en que parece que no existe el tiempo porque estás básicamente dormida y, si te despiertas eres como un zombie y luego apenas recuerdas nada. Como estar muy borracha, a las puertas del coma etílico. Es penoso. Volví a quedarme dormida, normal en mí, y me desperté con la extraña sensación de no estar sola. Al entreabrir los ojos distinguí la presencia de una enfermera.

Aquella enfermera me miraba fijamente desde los pies de mi cama. Con la cantidad de tranquilizantes con los que me estaban atiborrando no era raro que no la hubiera oído llegar. Pero me sobresaltó; si hubiera tenido fuerzas hubiera gritado o saltado de la cama, sólo que yo no podía moverme. Estaba demasiado débil como para poder pensar con claridad qué era lo que me asustaba de aquella enfermera. No dije nada. Miré su indumentaria, estaba claro que debía de ser una de monjas que colaboraban con el hospital, aunque era la primera vez que veía un uniforme como aquel, el corte era distinto, la falda era más larga y llevaba unas grandes hombreras que le daban el aspecto como de un robot. O a lo mejor lo que la hacía parecer un robot era que tenía algo que no parecía humano. El caso es que podía jurar, aunque su aspecto lo desmentía, que era muy mayor. Cerré de nuevo los ojos intentando reunir las fuerzas necesarias para poder hablarle y pedirle un poco de agua o de zumo, tenía los labios secos. Al abrir los ojos tenía un vaso de zumo de melocotón junto a los labios y aquella monja me lo acercaba con una mueca que quería ser una sonrisa. Bebí con ansia el líquido y miré los ojos de la monja. No pude leer nada en ellos pero sentí como que me estaba intentando transmitir algo, quizá paz. Pero conseguía cualquier cosa menos eso. Aunque me inquietaba, no estaba para pensar demasiado en la monja. En realidad estaba absolutamente drogada.

Junto a mi cama estaba el hombre mayor que había sido mi compañero durante los últimos días, mirándome con su mirada vacía como siempre. Parecía no darse cuenta de la presencia de la monja. Cuando hube bebido un sorbo de zumo, la monja lo cogió y lo dejó suavemente sobre la mesita que había junto a la cama. Ella tampoco había dejado de mirarme y yo quería, necesitaba, gritar.

Por alguna razón me acordé en aquel momento de mi abuelo Manolo, que decía continuamente aquello de “¡qué difícil es morirse, hija!”. Claro, que mi abuelo Manolo empezó a decir aquello a partir del día en que cumplió los setenta años sin que, en ese momento, se sintiera especialmente mal y se murió casi a los noventa. ¿Por qué estaba pensando ahora en mi abuelo Manolo?.

Miré a la monja que se iba alejando hacia la puerta y, por algún motivo, pensé que no tenía piernas o que llevaba puestos una especie de patines y que estaba deslizándose, rodando, hacia la puerta. ¡Mierda de tranquilizantes!.

El hombre seguía allí, paciente, mirándome a ratos y a ratos mirando al techo. Se diría que había estado a mi lado desde que era una niña a pesar de que lo vi por primera vez hacía menos de una semana. Los ojos se me caían de nuevo y me volví a uno de esos estados de sopor en los que al recuperar la consciencia habían pasado varias horas, pero ahora no estaba sola, de alguna manera el hombre mayor se había venido conmigo, como si yo lo hubiese arrastrado.

Sentí que estaba en una habitación cerrada, sin demasiada luz, agradable. Y no había sopor. En aquella habitación no parecía haber frío ni muebles, sólo un silencio blando. El hombre me cogió de la mano y me dirigió hacia una puerta de cuarterones que yo no había visto hasta ese momento. Uno de los cuarterones era de cristal, como en las aulas de los colegios, a la altura de la cara. Sin mover los labios me hizo mirar por él.

Podía ver mi habitación del hospital. Era absurdo, ya lo sé, pero la cosa es que la veía y, lo que era más extraño aún, podía verme a mí también dormida en ella. Aparté la vista y lo miré extrañada. El hombre seguía mirándome y yo temí enfrentarme de nuevo a una de esas miradas que, aunque siempre vacías, podía adivinar cargadas de socarronería. Pero no había ni un destello de burla en el hombre. En la habitación entró una enfermera – más normal que la de hacía un momento – que, rápidamente, descolgó el teléfono bastante agitada. En pocos segundos se llenó la habitación de personal sanitario y de aparatos de reanimación. Unos segundos más tarde sentí algo así como si me hubieran tirado una piedra en la cabeza, un dolor increíble. Me agarré con todas mis fuerzas al marco de la puerta pero el hombre me quitaba las manos y no me dejaba. Otro golpe. Ahora podía notar como algo me empujaba fuera de aquella habitación hacia arriba, me levantaba. El hombre me había cogido por la cintura y no dejaba que me fuera a pesar de que estaba flotando. El hombre parecía querer que entrara por la puerta. Con el tercero de aquellos golpes el aire se me escapó del pecho dejándome vacía, como si hubiera pasado una apisonadora por encima de mis pulmones. El hombre aprovechó mi desconcierto para meterme en volandas a la habitación. Supe que estaba de nuevo dentro de mi cuerpo.

¿Qué era lo que me había pasado?, ¿Había estado acaso muerta durante algunos minutos? Ahora estaba plenamente consciente de todo, pero por alguna razón que se me escapaba no podía moverme, ni siquiera podía abrir los ojos, pero podía notar cómo algo, alguna máquina, hacía que el aire entrara una y otra vez en mis pulmones y me iba llenando de vida, como si me estuviera cargando las pilas. Y, claro, volví a dormirme.

Cuando desperté era de día y tenía la sensación de haber estado toda la noche haciendo de costalero llevando un paso completo de los de Semana Santa por el centro de Sevilla, me dolía hasta respirar. Mejor dicho, me dolía especialmente respirar. Me habían intubado y estaba conectada un respirador y a varios aparatos de esos que hacen todo el tiempo bip, bip, bip que se ven en las películas y que cuando se muere el que lo tiene puesto se oye un biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip muy largo.

Poco a poco, me fui acostumbrando a los tubos que me inyectaban el aire a presión y me fui quedando atontada. Cuando desperté, María estaba a mi lado.

31.10.08

Problemas cerrando el dolphin


A veces tenemos costumbres muy malas, por ejemplo entrar al dolphin como root (Es mejor, para enredar como root, utilizar el konqueror, créeme) y a partir de ese momento cada vez que cerramos el dolphin nos sale un mensaje diciendo que no tienes permisos para guardar marcadores en /home/xxx/.kde/apps/share/dolphin/boolmarks.xml y que debe de ser porque se te ha roto el disco duro.

¡No cunda el pánico!

Abres un terminal y, en él pones

sudo chown jr /home/jr/.kde/share/apps/d3lphin/bookmarks.xml

(Cambia jr, que soy yo, por tu nombre de usuario)
Ponemos la contraseña y a correr

21.12.07

El adept no se cierra bien


Cuando al intentar abrir el adept manager, para instalar o desinstalar algún programa, aparece el mensaje de que no se ha cerrado bien y no deja trabajar se hace lo siguiente: (En una terminal)

cd ../..
sudo su (Aquí pide password)
dpkg --configure -a

y ya está arreglado

19.12.07

problemas de arranque

No nos engañemos, es culpa nuestra por tocar seguramente algo que no deberíamos, pero a veces pasa.


Cuando al arrancar da problemas arrancar diciendo que no tiene permisos de escritura en algún directorio a causa de un archivo llamado ksmserver, se procede así:

Se arranca en modo a prueba de fallos y saldrá una consola, ahí ponemos startx, (Se arrancará el sistema como root, lo más parecido a Dios del ordenador) y desde el konqueror cambiamos los permisos del directorio que nos dice (Ya sabes, botón derecho y en propiedades, permisos).

El archivo ksmserver se reconfigurará solo.

Y otra vez nos fijamos mejor

Seguimos instalando (Y sus problemas correspondientes)


Para cambiar permisos de un archivo (Por ejemplo para ejecutar pando)

sudo chmod +x nombre de archivo

Ponemos la contraseña y listo

Instalar un paquete deb


Para instalar un programa que nos hemos bajado con la extensión deb, lo normal es que haciendo click sobre él, el programa GDebi Package Install lo instale automáticamente, pero si no lo hace o queremos ser tan puristas como le gustaría al ínclito Resola:

sudo dpkg -i nombre del fichero deb

Nos pedirá el password y a correr

4.12.07

Arranque GRUB


Cuando instalamos el linux, en cualquiera de sus versiones, al arrancar el ordenador nos aparece una pantalla como la que puedes ver aquí.

Si quieres cambiarla y hacerla algo más bonita puedes proceder como sigue:

Abrimos una terminal y hacemos:

cd ../..
cd boot/grub
cp menu.lst menu.viejo (Con esta instrucción estamos guardando el menú original "por si las moscas", manías del ínclito Juan Resola)
sudo openoffice menu.lst (En kubuntu no está de origen la aplicación gedit, que es parecido al bloc de notas de windows, aunque puedes montarlo con el adept manager cuando quieras, en cuyo caso la instrucción sería sudo gedit menu.lst)

Una vez que el editor de textos te muestre todo el fichero de arranque puedes hacer las siguientes cosas:

a) Si quieres que arranque por defecto con windows, verás que más o menos en la cuarta o quinta línea pone
default 0
lo que tienes que hacer es cambiar el 0 por un 4 (Es el lugar que ocupa windows en la lista contando la línea de otrossistemas operativos y teniendo en cuenta que empieza a numerar por 0)

b) Aumentar el tiempo que te deja el programa para elegir el arranque: Cuatro renglones por debajo del anterior viene:
timeout 10
Ese es el tiempo en segundos que espera GRUB para coger el arranque por defecto. Lo cambiamos por 15, 20, 30 o lo que queramos que espere.

c) Cambiar el color de la pantalla de arranque: Cuatro o cinco líneas debajo viene
# Pretty colours
# color cyan/blue white/blue
Así arrancamos en negro con letras blancas, si le quitamos la almohadilla de la línea que comienza con color, el menú se presentará con un bonito color azul (no he probado (aún) si funcionaría cambiando por ejemplo el blue por green, pero lo haré pronto, que me conozco)

d) Poner en la pantalla por ejemplo sólo kubuntu o a prueba de fallos o el maligno para windows:
Nos vamos hacia el final del documento y allí están las instrucciones de cada una de las líneas. Nos colocamos en cada caso donde pone title, borramos lo que hay y escribimos lo que nos dé la gana.

Con estas instrucciones queda más agradable el arranque. SUERTE.