Este blog surgió en su día como método cómodo de darles las notas de forma rápida a mis alumnos. Con el tiempo ha hecho de casi todo (porque tengo la mala costumbre de borrarlo de vez en cuando) Ahora no tengo ni idea de qué va.
28.11.12
Este era más difícil pero no demasiado
"María Rosa estaba muy enamorada.
Tan enamorada estaba María Rosa, que lo estaba por partida doble: Se enamoró de Carlos, un chico feliz que vivía al norte de su pueblo y se enamoró de Juan, un chico trabajador que vivía hacia el sur. Tanto quería María Rosa a sus novios que no sabía decidir cuál le gustaba más así que, como quiso el azar que viviera sólo a 10 minutos de la estación de tren, y a su vez la diosa Fortuna quiso que cada 10 minutos saliera un tren hacia el norte, hacia el pueblo Carlos, y que saliera otro tren cada 10 minutos (no simultáneos) hacia el sur, hacia el pueblo de Juan;
María Rosa decidió que lo mejor sería que el azar la guiara: así que dijo a cada uno de sus dos enamorados que ella iría a verlos a menudo.
Y cada día, a la hora que se le ocurría, marchaba hacia la estación y tomaba el primer tren que pasaba por su pueblo, sin importarle si el tren se dirigía hacia el norte o el tren se dirigía hacia el sur, si iba esa tarde a ver a Carlos o aquella tarde vería a Juan : El destino decidiría por ella.
Cuando hubo pasado un tiempo se paró a considerar lo que estaba haciendo y, para su sorpresa, observó que el 90% de las veces había visitado a Carlos. “es extraño –pensó para sí – conscientemente no he hecho ninguna elección, me siguen gustando lo mismo los dos y he dado a ambos las mismas oportunidades y sin embargo he visto un número de veces significativamente mayor a Carlos”. María Rosa pensaba y sufría, y, a veces sufría y pensaba en el por qué de esa diferencia de visitas cuando ella había intentado ser justa con ambos muchachos.
Y a fuerza de pensar y de sufrir, María Rosa se iba poniendo muy triste. ¡Ay qué triste estaba María Rosa!
¿Puedes ayudarla a comprender el por qué de esa diferencia en el número de visitas?"
ya sabes cómo encontrar la solución (Está con letras blancas debajo de esto)
Los trenes salían cada 10 minutos pero no a la vez. Así, los que salían hacia el sur lo hacían por ejemplo a las 8:00 , 8:10, 8:20... y los que salían hacia el norte lo hacían a las 8:01, 8:11, 8:21... De modo que María Rosa, que no miraba a qué hora llegaba a la estación, sólo iría hacia el sur si llegaba justo en ese minuto de diferencia. El resto de las veces, el 90% iría hacia el norte
enigma semanal
"El único televisor de todo Sanlúcar está custodiado por un bandido. Esta noche juegan el Real Madrid contra el Barcelona la final de la copa del mundo mundial y el bandido no deja que nadie lo vea. A todo alrededor de su casa, ha puesto una enorme zanja para que nadie pueda entrar si no es por una pasarela que él pone para dejar pasar a quién le conviene. El bandido gritará un número y cualquier posible visitante responderá con otro. Si acierta lo dejará pasar a ver el partido y si falla lo matará.
El inspector López Rodríguez, escondido en las cercanías, se observa como llega una persona y se para frente a la puerta.
Desde dentro se oye una voz: "18" y la persona de fuera dice: "9".
Pasan algunos minutos y desciende una pasarela sobre la zanja. La persona entra y López Rodríguez permanece fuera observando la escena.
Llega otra persona, le gritan "8" desde dentro el de fuera dice "4" al rato desciende la pasarela y la persona la cruza y entra. López Rodríguez se mantiene mirando. Comienza a preocuparse por si no logra pasar la pasarela para poder ver el partido.
Al rato llega otra persona "14" gritan desde dentro, "7" responde el nuevo. En un minuto vuelven a bajar la pasarela y la última persona que ha llegado entra.
El inspector López Rodríguez cree haber averiguado el misterio. Se planta delante de la puerta y le gritan desde dentro "0". Pasan unos segundos y el inspector responde "0". La puerta no se abre y desde dentro le dispararon y le mataron. ¿Con qué respuesta se hubiera salvado el inspector López Rodríguez?, ¿por qué?"
La solución en blanco debajo de esto:
ENIGMA DE LA SEMANA
"El interruptor de la luz de mi cuarto está a unos 4 m de la cama. Cuando iba a acostarme tenía mis dudas sobre si llegaría a la cama con la suficiente luz como para verla o tendría que andar buscando a ciegas.. Yo no tengo superpoderes y soy bastante más lento que la luz, sin embargo llegué a la cama antes que se fuera toda luz. ¿Cómo pude hacerlo teniendo en cuenta que no había más interruptores y que no usé mi magnífico bastón? se busca una respuesta lógica."
He puesto la respuesta en letra blanca debajo de estas líneas, si quieres saberla porque no te sale, sólo tienes que pasar el ratón y marcar por encima.
25.1.12
¡¡TENGO UN MAC!!

Los reyes magos de este año se han portado super-bien. Me han traído un macbook air de 13'3 pulgadas con procesador i7, y un disco duro de Memoria sólida (¡No necesita ventilador!) y es absolutamente silencioso.
Es una absoluta maravilla:rápido (en realidad inmediato) y bonito (Cerrado parece una carpeta vacía, la mitad de grueso que un periódico). El sistema operativo es Mac OS X Lion 10.7.2 y debo decir que está muy bien terminado (Al igual que los programas de mac que he ido conociendo), sencillo y muy intuitivo.
Por todo esto (y más cosas como que las teclas estén iluminadas, que no quieren saber tampoco nada de windows, la agilidad del dock, lo apañao del launchpad y el bomboncito del mission control...y muchísimas otras) declaro solemnemente que aunque toda la vida seguiré queriendo a linux (en especial a kubuntu)
Os iré contando
7.9.11
Eliminar los kernel antiguos del grub2
Total que vamos actualizando y en unos meses tenemos 5 ó 6 arranques de versiones sucesivas del kernel linux y eso es un rollazo. ¿Cómo se quitan los viejos?
Nos metemos en la consola
1º Buscamos los núcleos que están instalados así:
dpkg --get-selections | grep linux-image
aparece la lista de núcleos que tenemos instalados, pongamos que eso:
linux-image-2.6.32-30-generic install
linux-image-2.6.32-31-generic install
linux-image-2.6.32-32-generic install
linux-image-generic install
No se te ocurra eliminar el paquete "linux-image-generic" que la cagas.
2º Eliminamos los más antiguos:
Por si acaso, dejamos los 2 últimos (en este caso los terminados en 31 y 32), así que quitamos el que termina en 30
Lo hará el comando:
sudo apt-get remove --purge linux-image-2.6.32-30-generic
Ahora las Cabeceras (Que es lo que aparece en el grub2):
3º Buscamos las cabeceras de los núcleos que hemos eliminado:
dpkg --get-selections | grep linux-headers
Y sale una lista con las cabeceras instaladas, en la debemos tener en cuenta que hay dos paquetes por cada cabecera, el normal y el generic:
linux-headers-2.6.32-30 install
linux-headers-2.6.32-30-generic install
linux-headers-2.6.32-31 install
linux-headers-2.6.32-31-generic install
linux-headers-2.6.32-32 install
linux-headers-2.6.32-32-generic install
linux-headers-generic install
Bajo ningún concepto eliminar el paquete "linux-headers-generic".
4º Eliminamos las cabeceras que sobran (Las de los núcleos que eliminamos antes):
sudo apt-get remove --purge linux-headers-2.6.32-30 linux-headers-2.6.32-30-generic
Al reiniciar y veremos que ya no nos sale el núcleo 30
Es espectacular cuando tenemos un montón y dejamos 1 ó 2 sólo.
¿Qué hacer si tras unas vacaciones tu kubuntu no se conecta a internet?
Es un problema fácil que se soluciona así:
Nos metemos en la consola, claro
En primer lugar, paramos el network manager:
sudo service network-manager stop
Ahora tocamos los valores que desactivan al network-manager y los pasamos a true
sudo sed -i s/false/true/ /var/lib/NetworkManager/NetworkManager.state
sudo service network-manager start
17.5.11
¡¡¡¡¡ LAS FOTOS !!!!!!
28.11.10
No volveré...
Es una situación de lo más absurdo ésa en que parece que no existe el tiempo porque estás básicamente dormida y, si te despiertas eres como un zombie y luego apenas recuerdas nada. Como estar muy borracha, a las puertas del coma etílico. Es penoso. Volví a quedarme dormida, normal en mí, y me desperté con la extraña sensación de no estar sola. Al entreabrir los ojos distinguí la presencia de una enfermera.
Aquella enfermera me miraba fijamente desde los pies de mi cama. Con la cantidad de tranquilizantes con los que me estaban atiborrando no era raro que no la hubiera oído llegar. Pero me sobresaltó; si hubiera tenido fuerzas hubiera gritado o saltado de la cama, sólo que yo no podía moverme. Estaba demasiado débil como para poder pensar con claridad qué era lo que me asustaba de aquella enfermera. No dije nada. Miré su indumentaria, estaba claro que debía de ser una de monjas que colaboraban con el hospital, aunque era la primera vez que veía un uniforme como aquel, el corte era distinto, la falda era más larga y llevaba unas grandes hombreras que le daban el aspecto como de un robot. O a lo mejor lo que la hacía parecer un robot era que tenía algo que no parecía humano. El caso es que podía jurar, aunque su aspecto lo desmentía, que era muy mayor. Cerré de nuevo los ojos intentando reunir las fuerzas necesarias para poder hablarle y pedirle un poco de agua o de zumo, tenía los labios secos. Al abrir los ojos tenía un vaso de zumo de melocotón junto a los labios y aquella monja me lo acercaba con una mueca que quería ser una sonrisa. Bebí con ansia el líquido y miré los ojos de la monja. No pude leer nada en ellos pero sentí como que me estaba intentando transmitir algo, quizá paz. Pero conseguía cualquier cosa menos eso. Aunque me inquietaba, no estaba para pensar demasiado en la monja. En realidad estaba absolutamente drogada.
Junto a mi cama estaba el hombre mayor que había sido mi compañero durante los últimos días, mirándome con su mirada vacía como siempre. Parecía no darse cuenta de la presencia de la monja. Cuando hube bebido un sorbo de zumo, la monja lo cogió y lo dejó suavemente sobre la mesita que había junto a la cama. Ella tampoco había dejado de mirarme y yo quería, necesitaba, gritar.
Por alguna razón me acordé en aquel momento de mi abuelo Manolo, que decía continuamente aquello de “¡qué difícil es morirse, hija!”. Claro, que mi abuelo Manolo empezó a decir aquello a partir del día en que cumplió los setenta años sin que, en ese momento, se sintiera especialmente mal y se murió casi a los noventa. ¿Por qué estaba pensando ahora en mi abuelo Manolo?.
Miré a la monja que se iba alejando hacia la puerta y, por algún motivo, pensé que no tenía piernas o que llevaba puestos una especie de patines y que estaba deslizándose, rodando, hacia la puerta. ¡Mierda de tranquilizantes!.
El hombre seguía allí, paciente, mirándome a ratos y a ratos mirando al techo. Se diría que había estado a mi lado desde que era una niña a pesar de que lo vi por primera vez hacía menos de una semana. Los ojos se me caían de nuevo y me volví a uno de esos estados de sopor en los que al recuperar la consciencia habían pasado varias horas, pero ahora no estaba sola, de alguna manera el hombre mayor se había venido conmigo, como si yo lo hubiese arrastrado.
Sentí que estaba en una habitación cerrada, sin demasiada luz, agradable. Y no había sopor. En aquella habitación no parecía haber frío ni muebles, sólo un silencio blando. El hombre me cogió de la mano y me dirigió hacia una puerta de cuarterones que yo no había visto hasta ese momento. Uno de los cuarterones era de cristal, como en las aulas de los colegios, a la altura de la cara. Sin mover los labios me hizo mirar por él.
Podía ver mi habitación del hospital. Era absurdo, ya lo sé, pero la cosa es que la veía y, lo que era más extraño aún, podía verme a mí también dormida en ella. Aparté la vista y lo miré extrañada. El hombre seguía mirándome y yo temí enfrentarme de nuevo a una de esas miradas que, aunque siempre vacías, podía adivinar cargadas de socarronería. Pero no había ni un destello de burla en el hombre. En la habitación entró una enfermera – más normal que la de hacía un momento – que, rápidamente, descolgó el teléfono bastante agitada. En pocos segundos se llenó la habitación de personal sanitario y de aparatos de reanimación. Unos segundos más tarde sentí algo así como si me hubieran tirado una piedra en la cabeza, un dolor increíble. Me agarré con todas mis fuerzas al marco de la puerta pero el hombre me quitaba las manos y no me dejaba. Otro golpe. Ahora podía notar como algo me empujaba fuera de aquella habitación hacia arriba, me levantaba. El hombre me había cogido por la cintura y no dejaba que me fuera a pesar de que estaba flotando. El hombre parecía querer que entrara por la puerta. Con el tercero de aquellos golpes el aire se me escapó del pecho dejándome vacía, como si hubiera pasado una apisonadora por encima de mis pulmones. El hombre aprovechó mi desconcierto para meterme en volandas a la habitación. Supe que estaba de nuevo dentro de mi cuerpo.
¿Qué era lo que me había pasado?, ¿Había estado acaso muerta durante algunos minutos? Ahora estaba plenamente consciente de todo, pero por alguna razón que se me escapaba no podía moverme, ni siquiera podía abrir los ojos, pero podía notar cómo algo, alguna máquina, hacía que el aire entrara una y otra vez en mis pulmones y me iba llenando de vida, como si me estuviera cargando las pilas. Y, claro, volví a dormirme.
Cuando desperté era de día y tenía la sensación de haber estado toda la noche haciendo de costalero llevando un paso completo de los de Semana Santa por el centro de Sevilla, me dolía hasta respirar. Mejor dicho, me dolía especialmente respirar. Me habían intubado y estaba conectada un respirador y a varios aparatos de esos que hacen todo el tiempo bip, bip, bip que se ven en las películas y que cuando se muere el que lo tiene puesto se oye un biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip muy largo.
Poco a poco, me fui acostumbrando a los tubos que me inyectaban el aire a presión y me fui quedando atontada. Cuando desperté, María estaba a mi lado.
31.10.08
Problemas cerrando el dolphin

A veces tenemos costumbres muy malas, por ejemplo entrar al dolphin como root (Es mejor, para enredar como root, utilizar el konqueror, créeme) y a partir de ese momento cada vez que cerramos el dolphin nos sale un mensaje diciendo que no tienes permisos para guardar marcadores en /home/xxx/.kde/apps/share/dolphin/boolmarks.xml y que debe de ser porque se te ha roto el disco duro.
¡No cunda el pánico!

Abres un terminal y, en él pones
sudo chown jr /home/jr/.kde/share/apps/d3lphin/bookmarks.xml
(Cambia jr, que soy yo, por tu nombre de usuario)
Ponemos la contraseña y a correr



